''El chico del apartamento 512'': Microrrelato inspirado en la Reina del Tex-Mex, Selena Quintanilla

 


José, o como todos le conocían en el edificio, ‘’El chico del apartamento 512’’ era un muchacho apuesto y simpático. Todas las señoras del piso donde vivía lo adoraban, lo consideraban un hijo. Y es que su sencillez a la hora de tratar con la gente era lo que más lo caracterizaba.

Lo más llamativo de su persona era su rostro. Era hermoso. Largas pestañas descendían de sus párpados que, a su vez, atesoraban un par de ojos azules como el cielo. Su boca, de un color rosa pálido que volvía locas a las muchachas del condado. Pero ¡qué decir de esa sonrisa!, impregnada de un aura angelical que hacía cualquier corazón palpitar.

Luego de pasear la mirada por su rostro, era imposible no notar la gracia de su andar. Tenía un compás natural, como la brisa del mar que va y viene. Sus largas piernas se movían a la par del latir de su corazón, dando grandes zancadas en un baile sincronizado.

Imposible no mencionar sus bellas manos, esas que trabajaban arduamente día tras día para ganarse el pan diario. Eran esas bellas manos las que le permitían convertir todo lo que tocaba en oro, y del más fino y caro; eran esas, las que ayudaban al necesitado y construían esperanzas en quienes tocaba.

En fin, José era lo más maravilloso que esta tierra había podido engendrar. La criatura más hermosa que una madre pudo entretejer en su vientre. Era aquel ser capaz de transformar tus mañanas en aliento cálido y suave. José era pasión, era fe y esperanza. Era, sencillamente, paz.


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