¿Quién soy?: La pregunta a la que muchos no tienen respuesta
Han sido innumerables las ocasiones en las que me he
preguntado el motivo de cada una de las
decisiones que tomo en mi vida. Una y otra vez me asalta la idea de que cada
vez que respondemos a la pregunta de
¿quién soy?, salen a la luz etiquetas rellenas de adjetivos calificativos, nuestra profesión o
cualquier otra categoría en la que nos ‘’encasillamos’’ automáticamente. Sin embargo, ¿es esto lo que somos? ¿Un
sustantivo por el cual nos nombran,
una profesión, un gentilicio, una edad…? ¿O es que acaso la misma lengua es limitada a la hora de expresar la esencia
humana? Responder a la pregunta de quién soy sin todos estos calificativos parecería absurdo, pero al reflexionar
profundamente sobre nuestra naturaleza,
descubro que somos seres maravillosos llamados a un propósito mayor. En este sentido,
la definición que concibo en mi mente de mi persona determina, sin duda, la carrera universitaria que quiero cursar
y todas las decisiones que tomo en la vida. El hecho de cursar
la carrera de Educación en este momento está determinado por mis
creencias acerca de mí, de quién soy
y quién quiero ser. Ahora bien, las ocasiones en las que somos incapaces de reconocer nuestra identidad, perdemos el
rumbo y el porqué de las decisiones, y con ello, todo sentimiento de plenitud. Por lo tanto, cuestionarme acerca
de quién soy y por qué hago lo que
hago, es un ejercicio de autodescubrimiento que me ha ayudado a alinear mis pensamientos, sentimientos y acciones
con mi esencia verdadera.
Responder a la pregunta ¿quién soy? requiere un
conocimiento profundo de sí mismo al que todos
estamos llamados a cultivar. En mi situación, aún me encuentro en este viaje de descubrimiento y, honestamente, creo que
perdurará toda mi vida. Considero que lo que
determina mi esencia es aquello que me hace feliz a mí y a los que me
rodean. Por lo tanto, soy servicio,
soy amor, soy misericordia y compasión, soy alegría, paz, justicia y equidad. Soy lo que es esencial para mí: ser mejor cada día y transformarme poco a poco, dirigiéndome al perfeccionamiento. Por supuesto que
esto que soy, o al menos intento que sea así, está reinventándose cada día, adaptándose a las circunstancias que me
rodean. Además, me he dado cuenta de
que es preciso que lo que somos, tenga coherencia con lo que queremos ser y el propósito de nuestras vidas. No
podemos ser violentos si vivo para que el mundo sea más justo. Es decir, la concepción que tengo de mí misma, debe
ir de la mano con la razón de mi
existir. Así pues, cada uno de nosotros debe (y puede) definirse, en la medida
en que conozca su propósito de vida. Esto impulsará nuestras
ganas de vivir. Así que la próxima
vez que nos preguntemos
quiénes somos, para qué estamos aquí y hacia dónde vamos, dejemos de lado un momento las falsas verdades que
nos vende nuestra realidad, que lo único que
busca es un conglomerado de hombres y mujeres homogéneos, que respondan
a lo que se considera ‘’normal’’.
Enfoquémonos, esta vez, en nuestra voz interior que a través de las emociones, nos da una pista sobre lo que nos hace felices y lo que no; lo que es correcto y lo que no lo es. Aquello que nos hace
felices y promueve la armonía en nuestras vidas es el principal indicio que nos llevará a encontrar las respuestas
adecuadas a estas cuestionantes, tan antiguas
como la humanidad misma.

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