Noches blancas: Historia de un destello en medio de la lobreguez
¿Y qué podré soñar entonces que sea más bello que la vida,
después de haber gozado realmente aquí,
a su lado, instantes tan felices?
Fiódor Dostoievski fue un novelista ruso estimado como uno de los
máximos representantes de la literatura realista de su nación. Durante su vida,
al igual que los personajes de sus obras, experimentó pesares y disgustos,
inherentes a la fragilidad humana. El escritor soportó el carácter opresor de
su padre, la muerte prematura de su madre, la indiferencia a su mérito como
escritor, una sentencia de muerte, el fenecimiento de su primera esposa, de su
hermano y, en última instancia, de su bebé de tan solo meses. Solo alguien que
sufre es capaz de entender el dolor y cristalizarlo en el papel de la forma
gloriosa en que lo hizo Dostoievski, especialmente, en ‘’Noches
blancas’’.
Esta breve novela fue publicada por primera vez en 1848 bajo su título
original ‘’Belye nochi’’, en español, ‘’Noches blancas’’. ¿Por qué
noches blancas? Este título encierra el ambiente utilizado por el autor en la
obra: el fenómeno natural conocido como solsticio de verano, donde la
posición geográfica de ciudades como San Petersburgo no dan paso a una
oscuridad completa en horarios nocturnos. Por tanto, las noches permanecen
claras y ‘’blancas’’.
La claridad que experimentó el solitario, melancólico y taciturno protagonista de ‘’Noches blancas’’ no fue causada por el solsticio de verano, sino por una joven que arrebataría de su ser toda amargura y tristeza por tan solo cuatro noches y un amanecer. El encuentro del joven con Nástenka, la dama con la que se cruzó aquella noche, lo llevó a replantearse la manera en la que hasta ahora había vivido su vida. La ilusión floreció, el ardor en la garganta cedió y todo parecía esclarecerse para él, así como durante las noches blancas de San Petersburgo. Sin embargo, en el fondo advertía que todo aquello era exorbitantemente bello para ser cierto. Luego de dialogar, compartir historias y confesarse el uno al otro llegó la realidad a reclamar su lugar al mundo de los sueños. El que fue feliz por espacio de cuatro días enfrentaba ahora su desgracia.
En esta obra el estilo manejado por Dostoievski (1848) para evocar los sentimientos humanos más profundos es enternecedor. En frases como ‘’ [..] Precisamente por eso es por lo que me parece que todos me abandonan […]’’ (p. 1) o ‘’Venía a ser como si todos, de pronto, me hubiesen olvidado, cual si les fuese yo a todos ellos, en el fondo, completamente ajeno’’ (p. 6), se revela el insondable conocimiento del dolor que tiene aquel que lo ha experimentado en carne propia. Indudablemente, el autor conjuga la dura realidad que le tocó vivir y la de sus personajes, convirtiendo su novela realista en un marco de referencia de sus propias luchas internas.
Esa maestría para describir sentimientos como el amor, el desconsuelo, la ilusión, la alegría y la decepción se patentiza mucho más cuando el narrador protagonista se dirige al lector, como si buscara comprensión y consuelo en este último. ¿No es magnífico? Le ofrece la oportunidad al lector de sensibilizarse con el estado emocional del personaje principal, de sopesar sus opciones y de, en cierta manera, compadecerlo. Quien lee sus palabras no es más que un fiel amigo a quien se le confiesan los miedos y aflicciones más oscuros:
‘’De modo que... ahora comprenderá usted, mi querido lector, hasta qué extremo conozco yo a todo San Petersburgo’’ (Dostoievski, 1848, p.4).
Finalmente, cuando se reflexiona sobre aquel que sufre se suele adoptar una actitud condescendiente respecto a los errores que el que padece la angustia comete. ¿Que adquirió una actitud pesimista de la vida? ¿Qué guarda rencor y perdió la alegría en su mirada? Es natural, responderíamos. Con todo, ¿cuál fue la decisión de nuestro protagonista? Él mismo responde a esta pregunta: ‘’ ¡Dios mío! ¡Todo un momento de felicidad! Sí, ¿no es eso bastante para colmar una vida?’’ (Dostoievski, 1848, p.94).
La nobleza y sutileza de carácter del joven solitario trascienden la
pena y el dolor. Un momento de alegría frente a mil de preocupaciones, es
suficiente para ser fuente de felicidad. Asimismo, la ligereza de la pluma de
Dostoievski calma los momentos de tormento que, seguramente, le perseguían y se
convierten en un medio para mostrar al mundo su intimidad.
Referencias
Dostoievski, F. (1848). Noches blancas. Nórdica Libros.
https://drive.google.com/file/d/1ktR9Bl0TYjfURs0CpPPQuesfWgH67B1x/view?usp=sharing
Fernández, T. y Tamaro, E. (15 de marzo de 2022). Fiódor Dostoievski.
Biografías y Vidas.
https://www.biografiasyvidas.com/biografia/d/dostoievski.htm

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