Él: Microrrelato inspirado en alguien especial


Él

“El amor es el sentimiento supremo”

Ella tomó la decisión de quererlo antes que amarlo, pues la decisión fue lo único que le dió la certeza de que ese sentimiento seguiría ahí y no solo sería pasajero. Por eso, ella decidió quererle antes que amarle. Si le preguntaran si se arrepiente, ella te dirá que no. Si lo considera como un error o una mala decisión, te dirá que no, pues de él se enamoró y de él aprendió.

Él le enseñó. Le enseñó a demostrar, a dejar salir sus sentimientos y no tenerlos encerrados como prisioneros que cometieron el peor delito. Él siempre le aconsejaba y cada vez que lo hacia su amor por él crecía, porque con eso ella entendía que él solo quería lo mejor para ella. 

Él era tan alto, tan perfectamente alto que en un abrazo podías escuchar el dulce latir de su corazón. Latir que la cautivó y la enamoró. Era como escuchar su propia melodía, solo para ella. Cada latir, cada palpitar era tan rítmico y armonioso que ella se sentía en casa. Siempre esperaba el final del día porque sabía que un abrazo no faltaría.  

Y no hablar de sus besos, que terminaron siendo adictivos, pero en buen modo. Para ella, besar sus labios era como besar un algodón de azúcar que siempre la dejaban queriendo más. Labios tan suaves como la seda y tan besables hasta mas no poder.

Su manera de hablarle la hacía sentir como que solo existían ellos dos y que con un simple “cielo” la tenía rendida a sus pies. Ella era su reina y él su poeta enamorado. Él su Romeo y ella su Julieta, pero no con el trágico final pero sí que con un final. 

Ella disfrutaba mirarle, escucharlo parlotear, verle sonreír, ella simplemente disfrutaba sin pensar que tendrían un fin. Ella tan inocente en el amor y él tan experto en el desamor. Ella se había enamorado por primera vez y el por segunda vez, eran dos jóvenes jugando a ser adultos, expertos en el amor.

Pero el fin llegó, más rápido de lo previsto y él empezó a alejarse y ella no entendía por qué. Si todo iba también o eso era lo que ella creía. Cuando sucedió, ella empezo a martirizarse preguntándose ¿Por qué? Se sentía feliz pero superficialmente y se preguntaba si él estaba sintiendo lo mismo.

Aun así, ella se permitió llorar para sanar y se preguntó ¿lloro él por mí?, al final se convirtieron en preguntas sin respuestas, guardadas en un cofrecito en una esquina de su mente que aún esperan a ser respondidas, pero que no atormentan.

Hace seis meses que su historia había comenzado. Hace cuatro meses que ellos estaban sentados, uno junto al otro, mirando las olas del mar ir y venir y hace dos meses que dejaron de verse. Si ella hubiera sabido que ese día iba a ser el último, lo hubiera abrazado por última vez.

Pero, al fin y al cabo, ella entendió que solo fue una felicidad temporal, de esas que llegan y se van con un amargo pero que al final los buenos momentos superan los malos.  Ella entendió que, solo fue el camino, más no su destino. Cada persona que entra en tu vida, al dejarte se lleva un poco de ti, pero con el tiempo llegará esa persona que, en vez de tomar, solo dará. Y ella no pierde la fe, y le desea todo lo mejor a él.


Lianna Mejía Vásquez



 

Comentarios