El conocimiento de Dios. Reflexión filosófica

 


¿Quién es Dios? ¿Es posible conocerlo?  ¿Cómo puedo conocer a Dios?

El conocimiento de Dios

    Durante años incalculables para el ser humano lo trascendente ha significado un reto placentero, interesante y a su vez difícil, pero sin importar lo mucho que hemos buscado comprender este aspecto sin obtener resultados, no perdemos las esperanzas y siempre nos arrojamos en busca de encontrar eso que a nuestro ser y conciencia evoquen satisfacción y respuestas. Pero hemos estado en un grave error, una vez un sacerdote me dijo: “Te afanas por comprender y entender los misterios de Dios, pero no eres consciente de algo y es que el día en que los comprendas eso dejará de ser trascendente”. Desde ese día comprendí que si Dios nos da las respuestas que tanto pedimos a esas preguntas relacionadas a su existencia, entonces su esencia cambiaría, no sería lo mismo. Lo que realmente hace a Dios ser Dios es que, nos trasciende, nos sobrepasa, nos atraviesa, nos supera y cuando eso deje de ser así, entonces Dios no sería lo mismo.

    Usualmente solemos hacernos la pregunta de ¿Quién es Dios? Yo me la he hecho en repetidas ocasiones y se la he realizado a hermanas religiosas, docentes y sacerdotes, todo con el fin de encontrar una respuesta que me satisfaga. Siempre recuerdo la respuesta a esta pregunta que en primaria me dio mi maestra de Formación Integral Humana y Religiosa, a mi pregunta ella respondió: “Dios es luz”. Personalmente considero que esa concepción de Dios que tiene mi docente está liada a alguna experiencia personal que tuvo en el pasado. El fin es que, de tanto buscar respuestas y no encontrarlas decidí elaborarlas por mi propia cuenta, lo primero es que no podía ignorar la existencia de Dios, pues en repetidas ocasiones lo había sentido y sobre todo había visto su mano obrar en mi vida, de hecho, aún lo sigo viendo.

    Dios es “algo”, lo defino como “algo” porque no sé si el calificativo de ser, espíritu, alma o energía le hagan honor a lo que verdaderamente es. Mientras descubro el calificativo adecuado me gusta llamarle “ser”. Es un ser trascendente y omnipotente que puede se encuentre en lo más lejano de nuestras galaxias, ha tenido poder para crear la tierra en la que habitamos, darnos vida, sabiduría, alma, conciencia e inteligencia. Porque ha sido nuestro creador, su amor es enorme hacia nosotros y no puede pasar por alto las peticiones que a gritos sus hijos le hacen. Soy católica, pero por alguna razón la experiencia personal que he tenido con Dios me ha parecido muy distinta a la que el catolicismo me ha graficado, a partir de esto he llegado a una conclusión que en adelante estaré expresando.

    Por otro lado, siempre he dicho que es posible conocer a Dios, es la misma respuesta que daría si alguien me pregunta si podría en algún momento conocer a su artista preferido, le diría que mientras haya vida puede conocerlo, después de la muerte no sé, pues desconozco lo que pasa, pero mientras estemos latentes en nuestra realidad cada instante es una oportunidad de conocer a Dios. Podemos conocerlo de distintas formas, pero personalmente considero que las religiones no tienen que ver mucho en este aspecto, estas nos muestran y nos enseñan a conocer a Jesucristo hijo encarnado de Dios, con el fin de que sepamos conducirnos como personas correctas en nuestra sociedad. Sin embargo, considero que el conocimiento de Dios es algo más íntimo, cada persona debe anhelarlo, propiciarlo y debe tener fe en que pasará. Debe hablar con Dios, expresar la necesidad que tiene de conocerlo y sobre todo vivir de acuerdo con lo que él a través de su hijo nos manda.

     Cito un fragmento de los escritos de Santo Tomás de Aquino citado por Ceballo R. (2020): “Se llama “mente” a aquello que es más alto en la virtud del alma. Por eso, como la imagen divina se encuentra en nosotros según aquello que es más alto en nosotros, la imagen no pertenecerá a la esencia del alma sino según la mente, en cuanto denomina a su potencia más alta. Del fragmento puedo interpretar que la esencia del alma se alberga en nuestra mente ya que la mente da forma a nuestra alma, es decir, que las experiencias que podamos tener con lo trascendente se dejan permear por la realidad en la que vivimos, que es todo aquello que se encuentra en nuestra mente y a partir de este conocimiento podemos propiciar una relación personal e individual con Dios. Pertenezco a una religión, sin embargo, los momentos en que sentí a Dios obrar en mi vida, fueron esos instantes donde me había alejado de la iglesia porque mis preguntas no eran respondidas y porque simplemente no encontraba respuestas, fueron esos momentos en que mi crisis existencial se encontraba al tope, donde las cosas parecían ir de mal en peor, y allá, en lo profundo del abismo, Dios me dio su brazo y me demostró que sin importar lo que pase, lo que creamos o lo alejados que parezcamos estar de él, siempre estará ahí dispuesto a darnos respuestas cuando le clamemos.

    En conclusión, Dios es un ser maravilloso que no distingue entre razas, religión, cultura, creencias o estilo de vida. Siempre y cuando queramos conocerlo estará ahí esperando nuestra aceptación. Nos ama no por lo que tengamos o por la religión que profesemos, nos ama porque somos sus hijos, porque nos creó y está estrechamente ligado a nosotros. Nos ama porque simplemente nos hemos convertido en parte esencial de su ser. Lo maravilloso de Dios es que todos podemos tener acceso a él, todos podemos conocerlo, para algunas personas el camino puede resultar difícil, largo, tedioso y hasta desesperanzador, pues como pude interpretar del fragmento de Santo Tomás, la mente da forma a nuestra alma, por ende, el conocimiento de Dios es una experiencia íntima y personal que está ligada a nuestra mente y atada a nuestra alma. Pero algo sí puedo asegurar, una vez Dios forma parte de nuestra vida, ahí se queda, dejando destellos de luz por donde pisamos, protegiéndonos de todo mal, y lo más importante, abriendo nuestros ojos para poder admirar y descubrir los misterios de la maravillosa obra de arte que a creado con y para nosotros.

Anexos

Fragmento citado de la cuestión 10 del libro “De veritate” de Santo Tomás de Aquino

Se llama “mente” a aquello que es más alto en la virtud del alma. Por eso, como la imagen divina se encuentra en nosotros según aquello que es más alto en nosotros, la imagen no pertenecerá a la esencia del alma sino según la mente, en cuanto denomina a su potencia más alta. Y así, la mente, en cuanto en ella está la imagen, denomina a la potencia del alma, y no a su esencia; o si denomina a la esencia, no es sino en cuanto de ella fluye tal potencia. De veritate, q. 10, a. 1, co.

 Referencias

 Tomás de Aquino, S. De veritate, q. 10, a. 1, co. Obtenido de Ceballos, R. (2020). Práctica filosófica.

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