La fe en lo real maravilloso: Un grito de lucha y esperanza

‘’Para empezar, la sensación de lo maravilloso presupone una fe’’. De esta manera queda expresado un elemento clave de lo que Alejo Carpentier denominó ‘’lo real maravilloso’’ en su obra El reino de este mundo. Como fiel conocedor y oriundo de nuestra América, escoge a Haití, escenario caribeño, para situar su exquisita obra, en la que decide narrar una serie de hechos extraordinarios con los que se encontró. Así que, mientras leía, no tuve la menor duda de que a lo largo de toda la obra, la fe es una pieza clave para que se lleven a cabo todos los acontecimientos que entraman la historia. Es precisamente a partir de un sentimiento de confianza ciega que suceden todas las luchas y rebeliones lideradas por los negros esclavos en busca de su libertad. Así que, tratando de analizar esa misma certeza febril que sentían en el momento, tomo como punto de partida el último capítulo de la primera parte, titulado ‘’El gran vuelo’’.

Desde el título nos hacemos una idea de algo solemne, majestuoso, fuera de lo normal. Y es, sin cuestionamientos, este capítulo, donde se narra uno de los hechos más significativos de la obra: la muerte de Mackandal. Dicha muerte es presentada por Carpentier desde una dualidad exquisita en la que plasma el punto de vista de los franceses y la de los esclavos ante un mismo hecho. ¿Qué es lo que lo hace diferente, entonces? ¿Qué es lo que provoca que el suceso sea real maravilloso para unos y ordinario para otros? Las creencias, la fe, la certeza que tenían los esclavos de que Mackandal tenía poderes licantrópicos y había salido volando en forma de mosquito. Por otro lado, está la visión de los franceses, que sólo se fijaban en lo común, en la indiferencia de los esclavos ante la muerte de su líder. Y es que, no era indiferencia, era alegría, pero ¡claro!, los franceses no lo podían ver, porque no creían. Su falta de fe los hacía ignorantes ante lo real maravilloso, ante el milagro.

‘’Y Mackandal, transformado en mosquito zumbón, iría a posarse en el mismo tricornio del jefe de las tropas, para gozar del desconcierto de los blancos. Eso era lo que ignoraban los amos; por ello habían despilfarrado tanto dinero en organizar aquel espectáculo inútil, que revelaría su total impotencia para luchar contra un hombre ungido por los grandes Loas’’. Ésta, considerada según mi criterio como la parte central del capítulo, refleja perfectamente la dualidad de cosmovisiones mencionada anteriormente. La ignorancia de los amos ante el milagro los hizo inferiores ante los esclavos y éstos últimos lo notaron. Los cautivos calificaban el espectáculo de inútil y se regocijaron al considerarse superiores a los franceses, superiores en sabiduría y en poder, tal y como los reyes africanos que, a principios de la obra, fueron considerados mejores que los europeos. En este sentido, la fe les dio la oportunidad de considerarse ventajosos y, por ende, la valentía para luchar. Entonces, me surge esta cuestionante ¿dependerá todo de nuestra visión del mundo? ¿Es la fe y la certeza de algo lo que necesitamos para lograr un cambio? Si es así, podemos decir que nuestra América entera está llena de esos Ti Noel, Mackandal y Bouckman, que fueron capaces de afrontar los peligros y amenazas de quienes se creen ‘’poderosos’’, por defender un ideal.

¿Y qué es lo que resulta de defender nuestras creencias? Alegría, gozo, paz. Tal y como lo reflejaron los esclavos tras la muerte de Mackandal: ‘’Aquella tarde los esclavos regresaron a sus haciendas riendo por todo el camino. Mackandal había cumplido su promesa permaneciendo en el reino de este mundo’’. Por ende, el reino que los esclavos ansiaban respondía a esa fe que compartían los unos con los otros: ese anhelo de libertad, esa aspiración de un mundo donde ya no eran esclavos; un reino del cual eran parte.


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