Microrrelato: ''A la orilla del rio''
Me quedé inevitablemente dormida
mientras veía por no sé qué vez mi película de horror favorita. Mi madre la
odiaba y le causaba repugnancia, pero para mí era la historia más fascinante de
la vida. Me deleitaba ver la manera en que ella corría asustada por el oscuro
bosque, tratando de buscar ayuda y de alejarse de aquel psicópata, empedernido
con asesinar mujeres jóvenes, que la perseguía lleno de cólera y con un afilado
cuchillo en mano. La armoniosa melodía que sonaba de fondo, en conjunto con la
cálida disonancia producida por los cuchillazos y los gritos de aquella mujer,
disipaban cualquier rastro de estrés en mí. A menudo, por medio del sueño, me
trasladaba a aquel sombrío y alucinante lugar. En cada ocasión sentía tan
vívidamente la respiración entrecortada de ella y los pasos sigilosos de él, el
miedo agudo de ella y la satisfacción maligna de él.
Una noche, en pleno
descanso, volví a acudir allí en búsqueda de un poco de emoción, pero todo
parecía soso y calmado. Al despabilarme abruptamente con un tremendo e
incesante dolor de cuerpo, y con el sol acariciando mi faz, me di cuenta de que
seguía en el mismo sitio. Caminé unos cuantos metros en el bosque en busca de
ayuda. Al llegar cerca del rio me percaté de que, para mi sorpresa, la zona
estaba repleta de policías y periodistas. Grité con desespero, pero todos
parecían ignorarme. No entendía lo que pasaba, por lo que decidí acercarme. Sin
ninguna dificultad llegué a la orilla del rio, donde reposaba el cuerpo sin
vida y ensangrentado de una joven mujer que, al parecer, era yo.

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